Mitad japonés, mitad alemán
De Osaka a Weihenstephan y de allí a Tokio. Aunque no entraba en sus planes, Hideo Suzuki tomó el relevo de su padre y, durante casi 25 años, ha construido KHS Japón. En ese proceso, han sido decisivos tanto su mentalidad abierta a otras culturas como su interés genuino por las personas.
Criado en Osaka, Hideo Suzuki aprendió desde muy joven lo que significa tener un padre realmente exigente. Ted Suzuki era un empresario que primero se dedicó a la importación de productos estadounidenses y, más tarde, comenzó a importar máquinas de KHS a Japón para distribuirlas entre los fabricantes de bebidas. Cuando no estaba de viaje en alguno de sus numerosos desplazamientos de negocios, solía pasarse horas al teléfono, a menudo hasta bien entrada la madrugada. A sus hijos les decía que tenía muchos amigos por todo el mundo y les hacía creer que su trabajo estaba repleto de grandes aventuras. “En nuestra casa recalaban continuamente empresarios de todo el mundo. Por eso, desde muy pequeño sentí interés por otros países y culturas”, cuenta Hideo Suzuki. No es de extrañar, por tanto, que su primer sueño profesional fuera convertirse en piloto.
Bioquímica, birra y Baviera
Como empresario, su padre estaba convencido del valor de las profesiones técnicas. Aunque deseaba que Hideo siguiera su propio camino, consideraba imprescindible que recibiera una formación técnica. Tras estudiar inicialmente Bioquímica en la Universidad de Ciencias de Tokio, Hideo se trasladó a Múnich. Allí trabajó durante doce meses en la mítica cervecera Spaten antes de obtener el diploma de maestro cervecero en la Universidad Técnica de Múnich, en Weihenstephan.
Cuatro años en Baviera: eso significa madrugar, soportar gélidos días de invierno con temperaturas de hasta quince grados bajo cero y, sobre todo, vivir un sinfín de nuevas experiencias. Pero, aunque hubo aspectos de la vida lejos de su país que le resultaron chocantes, mantuvo siempre una actitud abierta y curiosa. En lugar de integrarse exclusivamente en el círculo de estudiantes japoneses, buscó el contacto con los alemanes. Para él, era la forma más fácil y rápida de aprender alemán o, mejor dicho, bávaro. Suzuki bromea: “Con una cerveza de por medio, entenderse es muy fácil”.
En Alemania le sorprendía en ocasiones que algunos compañeros decidieran irse de vacaciones de un día para otro, dejando al resto del equipo bastante desconcertado. “En la cultura laboral japonesa, la armonía siempre está por encima de todo. Nadie debería verse en dificultades porque yo decida tomarme un día libre mañana. Por eso, dejamos al equipo instrucciones claras sobre las tareas pendientes e informamos a los clientes con suficiente antelación y total transparencia”.
“Con una cerveza de por medio, entenderse es muy fácil”.
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Regreso a Japón
La incorporación a la empresa familiar se produjo de forma inesperada: de regreso en Japón, Hideo Suzuki llevaba ya ocho años trabajando en la empresa Kirin cuando su hermano menor le pidió ayuda. Las fuerzas de su padre, hasta entonces aparentemente inquebrantables, empezaban a flaquear en una etapa de profundas transformaciones: KHS comienza a reemplazar gradualmente, en todo el mundo, las empresas locales de importación y distribución, hasta entonces independientes, por filiales de su propiedad. De pronto, en el año 2000, el futuro de Suzuki International empezó a tambalearse. Hideo decidió devolver a su familia parte de todo lo que le había dado y, en tan solo tres meses, asumió la dirección general de la empresa. Dos años más tarde fundó la sociedad de distribución KHS Japón, inicialmente en paralelo con la empresa existente, que seguía siendo responsable del servicio técnico. De forma gradual, todas las funciones se fueron transfiriendo a la nueva empresa.
Máquinas como joyas
“Quien quiera vender equipos en Japón debe estar preparado para responder a las exigencias más altas”, subraya Suzuki al hablar de las particularidades de este mercado. Antes de acometer una inversión, grandes compañías del sector como Suntory o Asahi examinan cada detalle técnico con extraordinario rigor: planos, procesos y criterios de diseño, todo se somete a un análisis minucioso. “A veces podría pensarse que los clientes preferirían construir ellos mismos su propia máquina”, bromea Suzuki. “Cuando finalmente se entrega la instalación, no puede presentar ni el más mínimo arañazo“. En Alemania se entiende que algo así no afecta a su funcionamiento. Pero en Japón una máquina se considera una joya y se trata como tal.
Siempre que compañeros alemanes visitan en Japón líneas de producción que llevan muchos años en funcionamiento, no dan crédito a lo que ven: “Las máquinas parecen más nuevas que las que ellos mismos acaban de instalar“. El propio Suzuki se inclina más por la perspectiva alemana: una instalación industrial debe, ante todo, funcionar y cumplir su cometido. “Al fin y al cabo, me siento mitad japonés y mitad alemán”, comenta con humor.
“Las peticiones especiales de mis clientes acaban convirtiéndose a menudo en estándares globales”.
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Japón como fuente de impulso
Según Suzuki, el perfeccionismo de su país también tiene un aspecto positivo: impulsa la innovación. “Las peticiones especiales de mis clientes acaban convirtiéndose a menudo en estándares globales. El ajuste automático de altura de las máquinas llenadoras, por ejemplo, algo que hoy se da por sentado, surgió a partir de una iniciativa japonesa”.
Las relaciones personales como fuente de energía
Hoy, a sus 63 años, Suzuki participa activamente en numerosas asociaciones profesionales, entre ellas BierConvent International e.V., una red que desde 1968 conecta, más allá de las fronteras, a personalidades del mundo empresarial, científico y de la cultura cervecera. No es de extrañar, pues su padre le inculcó desde muy temprano el valor de las relaciones humanas. Además, le transmitió humildad y la capacidad de contemplar las situaciones desde distintas perspectivas, en lugar de aferrarse a una única idea.
Lo que Hideo Suzuki aprecia por encima de todo de KHS son las personas: “Tenemos compañeros en todo el mundo, así que nunca te sientes solo. No hay nada como sentarse, después de finalizar con éxito un proyecto, con clientes y compañeros, como si fuéramos viejos amigos, tomarnos una cerveza y hablar de las próximas ideas. Esos son los momentos especiales que, todavía hoy, siguen motivándome una y otra vez